Abel muy ateo estaba
nunca creyente en milagros,
y al tiempo de morir su suegra
al amanecer la velaba,
cuando de un golpe el ataúd
negro y pesado suspendido
en el aire quedaba
a treinta centímetros
del suelo la caja volaba
El piadoso yerno se horrorizo.
“Oh venerable suegra”, suplicó
“no destruyas mi fe”
“¡Es imposible el milagro!”.
El ataúd, entonces descendió
lentamente y el yerno se recuperó.
FJTI
nunca creyente en milagros,
y al tiempo de morir su suegra
al amanecer la velaba,
cuando de un golpe el ataúd
negro y pesado suspendido
en el aire quedaba
a treinta centímetros
del suelo la caja volaba
El piadoso yerno se horrorizo.
“Oh venerable suegra”, suplicó
“no destruyas mi fe”
“¡Es imposible el milagro!”.
El ataúd, entonces descendió
lentamente y el yerno se recuperó.
FJTI
